Deja de ver el trabajo como un «intercambio de tiempo por dinero»

Un mes antes de terminar mis estudios universitarios, me di cuenta de que necesitaba conseguir pronto un trabajo de verdad. Aunque tuve 22 años para procesar este hecho, aun así, me sorprendió.

Toda una vida en un sistema educativo ideado para la Era Industrial me preparó poco para la realidad del trabajo moderno, o tal vez era muy inmaduro para aceptar un trabajo de esta era.

Recuerdo que estaba en un bar con mi compañero de cuarto cuando me preguntó dónde pensaba vivir después de la graduación. No tenía respuesta. Miré mi cerveza de un dólar (las ciudades universitarias son las mejores), mientras caía en cuenta de que la parte divertida de mi vida había pasado muy rápido.

Así que hice lo que cualquier joven de 22 años, algo inteligente, privilegiado y perezoso, haría: llamé a mi tío y le pedí trabajo. Tres semanas después, me presenté a mi pasantía de marketing con un pantalón caqui recién planchado y una camisa de vestir de Brooks Brothers recién comprada. Me dieron un recorrido, una computadora portátil y un cubículo.

Miré mi reloj: 9:43 a.m. «Oh, Dios», pensé. «Tengo que hacer esto durante 40 horas a la semana en los próximos 40 años, solo para tener el suficiente dinero para pagar mi departamento».

Lo positivo era que había café gratis. Solo tenía que trabajar 4,8 millones de minutos más hasta la jubilación.

El trabajo implica mucho más que un intercambio de tiempo por dinero

Cambiar tu tiempo por dinero es un mal plan

Esta visión del trabajo es problemática por dos razones:

  1. La idea inherente a esta visión es que preferirías estar haciendo algo más con tu tiempo.
  2. Sientes que no recibes nada a cambio de tu trabajo, más allá de un cheque de pago.

Durante la mayor parte de mi vida, vi el trabajo como algo que hay que hacer. Los adultos no me enseñaron esto de manera explícita, pero sus acciones lo demostraban. Mis padres —quienes me dieron la mejor infancia que me podían dar— trabajaron muy duro y nunca se quejaron, pero tampoco me dijeron que disfrutaban su trabajo.

Mi padre tuvo que hacer largos viajes de ida y vuelta durante la mayor parte de su carrera para que mi hermana y yo pudiéramos vivir en una bonita casa y asistir a una buena escuela. La mayoría de los días, se iba a trabajar antes de que saliera el sol.

Creo que a mi madre le encantaba ser profesora, pero aun así contaba los días esperando las vacaciones de verano. El mensaje era: los días que más esperamos son aquellos en los que no trabajamos.

A lo largo de nuestra infancia, a muchos de nosotros nos dijeron que éramos afortunados de no tener que preocuparnos por cosas como el trabajo. Entonces, ¿Cómo podría esto no distorsionar nuestra visión del trabajo? ¿No es justificable querer evitar algo que pareciera un castigo?